¿Cómo es posible que tantos hombres,
ciudades y naciones soporten a veces cualquier cosa de un tirano, que
no tiene más que el poder que se le da, que no tiene el poder de
perjudicar más que cuando se le quiere prolongar y que no podría
hacer ningún daño, a no ser que se prefiera sufrirlo antes de
contradecirlo? ¡Cosa verdaderamente sorprendente (y, sin embargo,
tan común que es preferible llorar que extrañarse)!; ver a millones
de millones de hombres miserablemente esclavizados, sometidos, con la
cabeza baja, a un yugo deplorable, y no porque estén obligados por
una fuerza mayor, sino porque están fascinados y, por así decirlo,
hechizados por el nombre de uno solo, al que no debieran temer porque
está solo, ni amar, pues es inhumano y cruel con ellos.
Etienne La Boètie, “Discurso sobre
la servidumbre voluntaria”, 1548

