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Mutual Assured Destruction
Barbaros / Militantes
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Aquello que define al
bárbaro como tal es su otredad
cultural, su irreductibilidad a los parámetros que utiliza nuestra
civilización para comprender el mundo. El bárbaro
es el afuera de la cultura, pero no porque carezca de sus
propios mecanismos culturales, sino por nuestra incapacidad para
traducirlos a nuestros propios términos, y con el que por tanto no
podemos establecer una relación dialéctica. Más allá de su
diagramático barbarismo (noción que viene a ser un índice de caos,
de entropía), no conseguimos encontrar para él una identidad.
El capitalismo podía
considerar al comunismo una alternativa abyecta, totalitaria o
disfuncional, pero no bárbara,
pues competían en juegos de poder cuyas reglas compartían y que,
por tanto, posibilitaba que ambos bloques se relacionasen mediante un
reparto de identidades mutuamente aceptado. Eso no sucede con el
bárbaro, con quien es imposible
establecer la lógica oposicional (tan hegeliana) que
mantenían los bloques de la guerra fría. Una herramienta estupenda
para explicar esa condición insondable de la barbarie es el
excepcional concepto de Jacques Ranciere del “reparto de
lo sensible”: el bárbaro
no comparte con nosotros la representación de lo real. Su idioma no
es “traducible” al nuestro, pues sus palabras significan
conceptos que nosotros no comprendemos: no son seres incivilizados,
sino seres cuya civilización nos es inmanejable, incomprensible e
incontrovertible. La radical incongruencia entre su cosmogonía y la
nuestra hace de él un agente especialmente desconcertante, pues es
inmune a nuestros discursos (que no entiende). Al bárbaro
no se le puede convencer, pues no escucha.

