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jueves, 17 de enero de 2013

Estética política #4: El Anillo Único


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Dinero & Poder

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1.
Esbozo de una Lógica del poder

El campo del poder en general es el dominio de las potencias de un sujeto en relación al mundo. Considerado como condición o cualidad propia del individuo al que se le atribuya, “Poder” es la capacidad de realizar o no realizar una acción que repercute en el mundo. Sólo hay ejercicio de poder cuando cabe la posibilidad de su no ejercicio.

El poder es un dominio inmanente y en acto. No requiere de la conciencia, y su ejercicio se realiza por lo general inconscientemente y como síntesis pasiva y objetiva. Dicha síntesis necesita unos límites para poder tener lugar, siendo esos límites los que habilitan, especifican y producen cada poder. La dinámica de tales límites es paralela a un código de poder como instancia representativa, compartible en cuanto normalizada. Los poderes se vuelven conscientes únicamente con la percepción de alguna resistencia que se le oponga: el poder sin resistencia es invisible, imperceptible, y por tanto incuestionable e inalterable. Algunos pensadores (por ejemplo Hegel) radicalizan esta idea y proponen una noción dialéctica del poder determinándolo por el tipo, grado y modo de las resistencias que se le opongan, volviéndolo presente: en la medida en que las potencias humanas más importantes dependen de las decisiones y por tanto de la conciencia, el poder dialéctico sería una construcción o representación ideal que fenomenológicamente se realiza trascendentalmente, sin presencia autónoma pero sí embebido en lo noético y lo noemático, en lo objetivo y lo objetual, en lo general y lo particular, atrayendo al sujeto fuera de sí. En la tradición spinozista que lleva hasta los actuales modelos constructivistas de la cognición, el poder se da como trazado distributivo de lo real, y se confirma en su inflexión sobre los acontecimientos. En el orden de lo actual, el poder acontece como alteración del estado de cosas, pero en cuanto virtualidad funciona también contribuyendo a la perpetuación de un estado, siendo por tanto hábil y capaz incluso como estricta latencia o “amenaza” verosímil.

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