( ( (
texto post dos
imágenes denis darzacq
) ) )
Curiosamente, el final de la cultura -tal y como la
entendemos- coincide con el principio reptiliano: algo metafóricamente
unicelular.
Las nuevas instituciones a-sociales para la sociedad ya no
son para las masas sino personalizadas.
Mecanismos automáticos -o maquínicos- para reterritorializar
el territorio a gusto del consumidor cultural -osease, nosotros-. Esa
modernizada -aunque primitiva- máquina para fabricar sentido existencial e
identidad -osease, arte-.
Nuevas fabricaciones automáticas de los nuevos humanos
singulares en busca de su existencia social perdida, es decir, de su sentido
perdido -o de su sentido, sin más-.
Fabricación a la carta y a medida de las aptitudes y
actitudes de cada cual. Fabricación de su destino, pero todavía sin Historia.
La fabricación del ser humano se dio por concluida cuando
fabricó el hacha. El resto, hasta la fabricación de la bomba atómica, fue su
Historia.