sábado, 9 de febrero de 2013

cynical zeitgeist

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Cynical Zeitgeist 
(Deconstruyendo a Parménides) 

tags: el hábito y el monje / el hábito y lo habitual / metafísica del camuflaje 
texto post dos



 Leyes, libro I

Ateniense:... suponiendo que tengáis leyes bastante buenas, una de las mejores será la que prohíba a los jóvenes preguntar cuáles de ellas son justas y cuáles no; deben convenir en cambio al unísono en que todas son buenas, porque su origen es divino; y a cualquiera que diga lo contrario no hay que escucharlo. Pero un anciano que advierta algún defecto en vuestras leyes podrá comunicar su observación a un gobernante o a alguien que lo iguale en años, cuando no haya ningún joven presente. Cleinas: Es exacto, extranjero; y aunque no hayas estado allí en esa época, me parece que, cual un adivino, has comprendido plenamente el propósito del legislador... 

Platón, Las leyes.

jueves, 7 de febrero de 2013

Alonso Quijano es Don Quijote



 El desencanto, Jaime Chávarri, 1975


La cultura española ha mostrado desde siempre (desde que existe España), una férrea y obcecada vocación de realismo, que probablemente pueda ser atribuible también a los demás pueblos latinos y, en menor medida, a Europa en general. La cultura institucional y su aparato intelectual orgánico de legitimación han demonizado con fiereza cualquier forma narrativa que se atreviese a desdeñar el consenso normativo sobre la constitución y estatuto de lo real, en un indisimulado recelo punitivo contra géneros como la fantasía o la ciencia ficción que, en nuestra tradición literaria, han sido minusvalorados como fabulaciones escapistas destinadas al entretenimiento de los niños o las audiencias más embrutecidas. Por exhaustivas que sean, las antologías de literatura fantástica española sorprenden por lo increíblemente escueto de su contenido, apenas algún cuento periférico y anecdótico de nuestros escribanos más especulativos, pero de envergadura mínima si la comparamos a las descomunales bibliografías de esos géneros propias de los países anglosajones o eslavos. La raza ibérica ha cultivado con mimo sus costumbrismos y picarescas, sus interiores tenebristas y naturalezas muertas, los cuentos caballerescos y poesías de amor a la tierra, pero carece de un acervo musculoso de cuentos de hadas, elegías de titanes o leyendas élficas (a excepción quizás de la tímida pero valiosísima herencia celta, que por desgracia hoy está muy devaluada por la instrumentación política con la que los nacionalismos quieren monopolizarla).

martes, 5 de febrero de 2013

La voz




My Bloody Valentine. M B V, 2013

No es nada fácil construirse una voz, entendiendo por tal a la correspondencia identificable entre estilo y discurso. Velázquez tiene una voz, Kafka también, Autechre llevan muchos años desarrollando la suya propia: la doxa contemporánea da por sentado que todo verdadero autor necesita hacerse con una, pues es la voz lo que dota de contenido real a su firma. Hacerse con esa ansiada voz propia requiere insistencia a lo largo de los años, coherencia en el planteamiento formal y conceptual de la propia trayectoria artística, y detalles diferenciantes capaces de singularizar al artista de entre todos los que le rodean hasta hacer de su discurso un idioma único. No hay reconocimiento si no hay “voz”.

martes, 29 de enero de 2013

Polirritmo, polifonía #4: Autechre y la anti-intuición

ª u t € c R
 parte 1





No entiendo en toda su profundidad el concepto de deconstrucción, ni he llegado a leer con detenimiento a Derrida, pese a sentir una ambigua fascinación por el singular aura de personaje pop casi caricaturesco en que se ha convertido su espectro. Cada vez que intento tomarle en serio choco con la insoportable retórica con la que escribía o con el cansino narcisismo de sus apariciones públicas. Pese a todo, es un icono pop con puntazos muy coñeros (el ochenterismo extremo de sus atuendos, el pelo SSS, su glamour para con el artisteo moderno, las fotos en que exhibe su mirada mágnum, su fandom de feminazis…) y probablemente termine por encontrarle algún día: me identifico con su forma de pestañear y mirar al suelo, varios de sus conceptos claves me interpelan (sobre todo, presencia y escritura) y pese a que su nombre es moneda de cambio entre lo más frívolo y hortera de la Academia Gafapasta, hay algo en él que me inspira confianza.
Hubo una deconstrucción en arquitectura, uno de cuyos más representativos (y onerosos) proyectos está por cierto en Santiago de Compostela. Fue una efímera corriente semi-intelectualoide todavía en boga cuando yo estudiaba, pero que terminó tristemente por resultar un bluff tanto en su voluntad de instituirse en moda identitaria de una época, como de su ansiada estocada final a un Movimiento Moderno que ha sobrevivido a contendientes más letales. Lo que empezó como gestualidad insolente y radical propia de kamikazes que leen manifiestos, apenas dio para un par de starchitects de los que se apuntan a todas las salsas y un saludable toque de despendole estético en un contexto tan asfixiante como el del puritano moralismo formal de los arquitectos: quizás el “deconstructivismo” hubiese desarrollado mayor pegada de haberse dado en cualquier década que no fuesen los ochenta, que (y esto está más que contrastado) afean todo lo que tocan. No sé si Miralles (otra de mis asignaturas pendientes) leía a Derrida, pero de darse el caso apreciaría a ambos con ojos incluso más curiosos.

sábado, 26 de enero de 2013

polirritmo, polifonía #3: Adorno monotones, Hegel politronics

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El arte obtiene su sustancia (los asuntos sobre los que indaga) de las especificidades de la cultura correspondiente a cada época, pues como siempre recordamos el propósito de la función artística es la adecuación de los sistemas cognitivos de los espectadores a los fenómenos que han de resolver en su vida cotidiana. Últimamente estoy fascinado con el hegelianismo, y creo que aquello del zeitgeist hay que leerlo de un modo mucho más mundanal y material de cómo se suelen hacer sus exegetas más pomposos: el “geist” no es una figura idealizante ni totalitarizadora de un “espíritu” omni-presente, sino algo así como la panorámica de un tiempo a resultas de las condiciones culturales inmanentes que le son propias. Los artistas trabajan sobre problemas, errores o faltas, y supongo que la pertinencia (y conveniencia) de la “belleza” como parámetro primero sólo merece la pena cuando ésta viene a ser la armonía nueva de disparidades viejas. La única belleza respetable es la que criba el ruido hasta que aflore la melodía que le subyacía, en un proceso perfectamente remisible a ese fabuloso método de producir realidad que es la síntesis dialéctica.

miércoles, 23 de enero de 2013

f l o t a c i ó n



( ( (
texto post dos
imágenes denis darzacq
) ) )




Curiosamente, el final de la cultura -tal y como la entendemos- coincide con el principio reptiliano: algo metafóricamente unicelular.

Las nuevas instituciones a-sociales para la sociedad ya no son para las masas sino personalizadas.

Mecanismos automáticos -o maquínicos- para reterritorializar el territorio a gusto del consumidor cultural -osease, nosotros-. Esa modernizada -aunque primitiva- máquina para fabricar sentido existencial e identidad -osease, arte-.

Nuevas fabricaciones automáticas de los nuevos humanos singulares en busca de su existencia social perdida, es decir, de su sentido perdido -o de su sentido, sin más-.

Fabricación a la carta y a medida de las aptitudes y actitudes de cada cual. Fabricación de su destino, pero todavía sin Historia.

La fabricación del ser humano se dio por concluida cuando fabricó el hacha. El resto, hasta la fabricación de la bomba atómica, fue su Historia.

martes, 22 de enero de 2013

polirritmo, polifonía #2: el arte, inflacionario





El arte abstracto intenta cancelar la significación de los fenómenos mediante una doble huída de la figuración, dirigiéndola por un lado hacia la generalidad pura (las condiciones lógicas de construcción e identificación de formas) y por otro hacia lo radicalmente particular (la intensidad afectiva del fenómeno ya no referenciado a un código objetual sino a su presencia radicalmente concreta y local), cuya mayor proeza ha sido demostrar la correspondencia y simetría entre lo ideal y lo sensual en el dominio autónomo del sentido.  La abstracción estética es entonces un “escapismo” que transporta al pensamiento a un universo impersonal y autoreferencial que sólo puede alcanzarse mediante la anulación de la narratividad y el reconocimiento. Un cuadro abstracto sólo es verdaderamente abstracto la primera vez que es contemplado: cuando un espectador mira un objeto artístico ya conocido (ya interiorizado), éste ha sido figurado, codificado, identificado, y así privado de su inicial condición abstracta. Su valía es directamente proporcional a su capacidad de comprometer los aparatos intelectuales de reconocimiento, de violentar las expectativas del ojo en su encuentro con las presencias del mundo.

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